BÁCULO Y GUÍA PARA MANEJARSE DECENTEMENTE POR LA MITOLOGÍA PENAL CONTEMPORÁNEA

martes, 6 de marzo de 2007

la precipitación

Jurídicamente, las cosas no se están haciendo todo lo bien que cabría esperar. Desde los malabarismos dogmáticos que la Sentencia del TS de 13 de febrero efectúa con diversos artículos del Código Penal, hasta los escorzos forzados e imposibles que el gobierno y el JVP han conseguido realizar con el Reglamento Penitenciario, la ley se está retorciendo más de la cuenta. Cuesta, en estos casos, mantener a bombo y platillo la vigencia del principio de legalidad... pero más aún si uno no quiere que le tilden de ingenuo o de ignorante.

Por lo demás, debería actuarse también con más rigor en el resto de ámbitos afectados. En el artículo "No es una enfermedad", publicado el 6 de marzo en El Mundo por el Médico y Catedrático Jesús Sánchez Martos, se leen cosas como "la medicina nos ofrece la posibilidad de administrar los nutrientes necesarios (...) para garantizar la vida sin riesgo alguno para el enfermo". "(Esto) significa que, desde una visión únicamente médica, (De Juana Chaos) no ha podido estar nunca en peligro de muerte, porque ha estado en todo momento atendido por unos profesionales expertos en nutrición". Y en un artículo similar, titulado "El incomprensible silencio de los médicos" y publicado por Sánchez Martos en La Razón del 3 de marzo, el prestigioso doctor argumentaba que "(la decisión respecto a la situación penitenciaria de De Juana) se escuda en informes clínicos que nunca se han hecho públicos, mientras los médicos guardamos un silencio incomprensible. Si fuera verdad todo lo que se ha dicho, quedaría muy mal parada una profesión que continuamente lucha por la vida de muchos enfermos que están en coma, incluso durante años (...), y que desde luego no se mueren ni su vida corre peligro, ni tienen secuelas irreversibles, porque la medicina cuenta con la tecnología necesaria y con profesionales totalmente capacitados para administrar la nutrición enteral o parental necesaria en cada caso".

Díez Ripollés se preguntaba hace unos días -antes de precipitarse los acontecimientos- por la libertad de morir, y se atrevía a ofrecer una solución: "Se ha de interrumpir la alimentación forzosa y asumir las consecuencias: De Juana debe decidir, si no lo ha hecho ya, qué prefiere: dejarse morir o cumplir con normalidad el resto de pena que le queda. Y la Administración penitenciaria debe aplicar sin privilegios las previsiones penitenciarias, incluida la posible concesión de la libertad condicional". Más humildemente, yo me atrevo a imaginar qué habría pasado si alguien no hubiera decidido iniciar este surrealista culebrón, si en vez de arrojarnos la ley unos a otros utilizando las Instituciones, hubiéramos optado por la reflexión y la crítica constructiva.

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